sábado, 19 de agosto de 2017

“Cita en Samarra” de John O’Hara




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John O’Hara llega a mi conocimiento después de haberme paseado por toda la literatura norteamericana del siglo XX con fruición, pasión y absoluta admiración. De hecho que yo piense que EEUU no es una total mierda imperialista entre otras cosas se debe a la pléyade de fantásticos escritores que ha tenido, tiene y sospecho que tendrá. Es una mierda imperialista pero crecen especímenes de interesante consideración y apreciable actividad. No sólo literaria.
Y me he dado cuenta de que John O’Hara tiene su propia voz. Enclavado en ese momento literario que definieron Hemingway, Cheever, Parker, un poco antes de Udpike, Roth, Delillo y un poco después de Faulkner, O’Hara que también hace narrativa épico-urbana tiene su propio  estilo. Un estilo en el que el dialogo, su excelente oído le permite no ya traernos los ecos de aquellas conversaciones, si no las historias que pasaban a lomos de esas voces.
Es el escritor al que no le ha importado narrar las vicisitudes de un empresario de un concesionario de coches, hijo de un médico más que respetado, soportado y temido, casado con una mujer a la que ama, con amigos a los que aprecia y subordinados con los que se lleva bien que sin embargo decide tomar la cuesta abajo de la vida y ya no parar hasta despeñarse, hasta su “cita en Samarra”. Y eso lo emprende O´Hara porque tiene unas dotes excelentes para transmitirnos mediante diálogos acertados que lo mismo recogen la voz de un borracho que la de un camarero negro lo que los personajes van no ya sintiendo sino haciendo.
Un retrato al natural, a pie de calle y de salón, de una ciudad norteamericana donde el puritanismo de las grandes familias manda, la pertenencia a una u a otra creencia religiosa o política, establece límites infranqueables, los mafiosos tienen su cuota y los clubs y organizaciones sociales crean una telaraña de la que es difícil escaparse. De la que nuestro protagonista huye de la manera más definitiva y determinante que se conoce.
El brillante comienzo de la novela en el que sabemos que el protagonista tiene la intención de iniciar su calvario, lanzando una copa a la cara de uno de los convecinos, al que le debe dinero, pero sin llegar a saber si lo hizo o no hasta que al día siguiente se confirma que fue que sí, es como el fogonazo de presentación de un esplendido espectáculo que recoge a medida que las opciones de nuestro protagonista van en la dirección que él desea, aunque las circunstancias no sean más determinantes que su propia decisión de quitarse de encima, los escenarios atribulados de personajes y situaciones casi costumbristas de los EEUU de los años cincuenta y sesenta. Si Edward Hooper hubiera decidido ser más sociable y Scott Fitzgerald menos romántico, John O’Hara hubiera sido el resultado. Gasolineras, talleres y  clubes sociales con hombres trajeados y solitarios, con horarios de trabajo, ebrios, atrapados por mujeres que para no ahogarse se agarran a ellos como a troncos ardiendo, que claro está, tarde o temprano acaban siendo ceniza. Muchos escritores escribieron sobre ellos, pero John O’Hara los pone a hablar, sin sacarlos de su hábitat. Eso le hace tener su propia voz.
Más urbano que Cheever, menos malicioso que Parker, menos épico que Hemingway, menos de vuelta de todo que Carver, no en vano le antecedió, menos alambicado que Faulkner, John O’Hara tiene un sitio claro y diáfano en la narrativa norteamericana del siglo XX.

viernes, 11 de agosto de 2017

“La mujer de tu prójimo” de Gay Talese



Con este título uno se espera encontrar dentro del libro otra cosa de la que albergan estas quinientas páginas. Que no es otra cosa que un extenso informe sobre cómo el sexo y la libertad de disfrutarlo recorrió el siglo XX en los Estados Unidos de América. De cómo la moral, las religiones, en USA siempre son religiones, el negocio, la política y por supuesto nuestra necesidad de sexo intervinieron y elaboraron formas y modos de disfrutarlo, reprimirlo y exprimirlo.
Y como nunca Talese, al tratar un tema, lo focaliza, pues tenemos la fortuna de, tomando como excusa la lucha por la liberación sexual, darle un recorrido a leyes, personajes e historia de América del Norte.
No escatima Talese las referencias a personajes reales vinculados con la industria del sexo, debe haber sido muy laborioso, a posteriori y durante la escritura del libro, el trato con estos personajes que aparecen, con nombres, apellidos, aventuras y desventuras, además vinculadas muchas veces a su vida más intima, ni escatima, como en él es habitual la documentación necesaria y todos los datos objetivos que puede añadir. Incluyendo en este caso su propia peripecia sexual en el tiempo en que trabajó en él.
El resultado es otro esplendido fresco de Estados Unidos.
Yo no sé si el título que se le dedica muchas veces, “Creador del nuevo periodismo”, junto a Tom Wolf es justo, si no es quizás un título que da importancia sólo a una faceta de su trabajo. Pues indudablemente hay un valor informativo de muchos quilates en sus libros pero también hay un resultado que le aproxima a la sociología, la antropología y todas estas ciencias que tratan de explicar al hombre y sus comportamientos. Hay una necesidad en él de entender a este ser contradictorio que nunca deja de debatirse entre su animalidad y su espiritualidad. Su grandeza y su miseria.
En este libro, por ejemplo, parece que centrado en la vida sexual de los americanos en el siglo XX, hay un desfile interminable de personajes que por el mero hecho de haber existido y él limitarse a reflejarlos no parece que tenga valor ninguno su exposición, vida y aventuras, cuando sin embargo adosado a ese desfile se pasea toda una forma de entender la vida en EEUU, de la lucha por la propia subsistencia, por la conquista de la libertades, de la justicia, en fin por la lucha para alcanzar una sociedad donde el hombre sea un individuo lo más auténtico posible que entre otras cosas consigue que tengamos una idea de cómo es “ese espíritu americano” que hoy en día ha conquistado el mundo.
Creo que otra reseña de uno de sus libros comentaba la necesidad de leer su obra para saber con más profundidad como son los yanquis, ese pueblo proveniente de la mezcla de mil pueblos,  ahora lo ratifico. Guy Talese es un historiador. No de los hechos grandes, de las batallas que nutren de honor épico a los países, si no de los sucesos cotidianos, de las pequeñas guerras que individuos talentosos, con voluntades férreas y ambiciones insaciables han contribuido a hacer esta sociedad como es, con sus luces y sus sombras.
Su prosa no es literaria, es una prosa al servicio de la historia. Clara, diáfana, repleta de datos, por si alguien quiere ir a la wiki y comprobarlo.
Para mí, por ejemplo, la figura del creador de Playboy ha adquirido unas dimensiones humanas que nunca había pensado que pudiera albergar.  Y como él, aunque menos conocidos, hay unas decenas, hombres y mujeres, de protagonistas de aventuras humanas apasionantes. Y aleccionadoras. De las que se puede aprender mucho. Malo y bueno. En fin, un libro que merece mucho la pena leer.
Ojala en España alguien se dedicara a escribir este tipo de libros sobre nosotros.