domingo, 5 de noviembre de 2017

“Mac y su contratiempo” de Enrique Vila-Matas



Resultado de imagen de fotos de “Mac y su contratiempo” de Enrique Vila-Matas

Posiblemente de todos los escritores españoles exitosos, que se ven en los escaparates y en las listas de ventas, sea Enrique Vila-Matas del que se pueda decir con más probabilidades de acertar que pasará a la Historia de la Literatura Española. Esto es un tanto arriesgado, lo sé, pero a favor de mi predicción está el que es un autor con un estilo, una originalidad y una temática muy personal.
Enrique Vila-Matas no es un escritor para el lector medio, es un escritor para escritores o para lectores muy avezados que hace tiempo superaron la necesidad de leer algo que tuviera eso que se llamaba “lo ineludible de una historia”: Presentación, desarrollo y resolución. Se puede decir que eso a este autor le importa un comino.
Le importa tan poco, que a veces tengo la sensación de que anda buscando escribir un libro que sólo sea para leerlo él o para que nadie lo lea, que todo puede ser. Es decir, escribe como respira y eso es algo que a un artista, crear para vivir, le insufla recorrido, sin venir a cuento cualquier preocupación terrenal que sólo viene a enturbiar el proceso creativo y a adulterar el talento.
En “Mac y su contratiempo”, Vila-Matas está donde casi siempre en sus historias: La realidad es un concepto en el que hay tanta fantasía que no se sabe muy bien para que se ha inventado la palabra “irrealidad”.
La repetición, la identidad, la inutilidad de querer buscarle al tiempo las vueltas, la soledad son temas aquí presentes desde la perspectiva tan original de este autor. Una perspectiva en la que cabe todo, desde la copia de textos ajenos, la mención a autores reales, hasta convertir la narración en una historia de una historia de una historia. No sabiendo al final si todo el desfile de personajes es un solo personaje que se transforma constantemente, porque si deja de hacerlo, perece, de la misma manera que si los tiburones dejan de nadar mueren, o una multitud de personajes investidos cada uno de una característica de las que posee el narrador con el fin de tener al final un mosaico poco preciso pero indicador del desconocimiento que tenemos de nosotros mismos.
El final es consecuente: El personaje se desvanece aunque siga paseando un día y otro por el mismo barrio y entrando cada día en los mismos establecimientos: Cafeterías, tabernas, quiosco, su casa…
Mac sólo existe porque los demás lo ven.
Leyendo el libro me acordé de los talleres de literatura, en los que los profesores se afanan en inventarse disparadores imaginativos a partir de los cuales crear historias.  Vila-Matas es un semillero de disparadores. La afluencia de su imaginación es imparable y muchas veces no cuenta las historias, cuenta la historia de la historia. No hay tiempo para más, pues está acabando una y ya hay otra en puertas. El lector se apañará.
Mac trabajaba en una profesión, pero dice estar jubilado de otra. Tiene una familia pero se hace difícil aceptar que sea cierto dado su trajín existencial. Frustrado decide reescribir un libro de un escritor vecino, que es muy posible que sea el mismo. Un libro de cuentos que cada uno de ellos está escrito a la manera de un autor famoso. Este autor tiene un sobrino que nunca ha escrito nada pero que piensa que es mejor escritor que su tío. Este sobrino también puede ser Mac.
Mac esta fuera de revoluciones.
Algo que suele suceder si buscas dentro de ti y acudes a todas las llamadas y no te ciñes sólo a lo sensorial. La imaginación nunca es domada.
Y entre descanso y descanso de lo que se podía decir groseramente “pajas mentales”, la lucidez del que no para de observar al ser humano y de la mano de escritores amigos va pergeñando la existencia:
“Seguramente avanzamos por descarte”
Casi nunca elegimos lo que deseamos, entre dos opciones elegimos la que menos nos desagrada no la que más nos gusta.
Escribir como vivir, como respirar. Vila-Matas es Mac. Un escritor de raza o un escritor a pesar de sí mismo. Lo plasma en un dialogo muy sucinto,


El escritor pregunta a una persona que va sola,
-¿Vas sola?
La persona se queda pasmada y pregunta,
-¿Estás tonto o qué?

Es escritor, siempre va acompañado, aunque vaya solo. 
Por eso pregunta, por eso aconseja,
“Cuando escribes no debes nunca decirte a ti mismo que sabes lo que estás haciendo”.
Vila-Matas, primero escribe para él, condición “sine qua non”; después para otros iniciados, léase escritores o no, y por último para todos los que se quieren perder en el caos fantástico que la realidad nos ofrece.
Lo dicho, Historia de la Literatura.

No hay comentarios:

Publicar un comentario